Un Ayuntamiento no lo hace todo con sus propios medios. Necesita contratar empresas para limpiar edificios, reparar instalaciones, impartir cursos, organizar actividades, imprimir carteles o suministrar materiales.

Es decir, también compra. Y una de las formas que utiliza para elegir quién prestará esos servicios o entregará esos productos es la licitación o contrato público.

Dicho de forma sencilla: una Administración publica una necesidad, establece unas condiciones y permite que distintas empresas presenten sus ofertas. Después compara las propuestas y adjudica el contrato conforme a los criterios establecidos.

La idea no es muy distinta a pedir varios presupuestos. La diferencia es que, en la contratación pública, el procedimiento está regulado, debe quedar documentado y exige cumplir una serie de requisitos.

Una licitación empieza con una necesidad

Imagina que un Ayuntamiento necesita organizar actividades deportivas durante el verano. Podría requerir:

  • monitores;
  • material deportivo;
  • seguros;
  • transporte;
  • camisetas;
  • servicios de sonido;
  • limpieza;
  • mantenimiento de instalaciones.

La Administración debe definir qué necesita, cuánto puede gastar, durante cuánto tiempo y qué condiciones tendrá que cumplir la empresa. Toda esa información se recoge en documentos como el anuncio de licitación y los pliegos.

Las empresas interesadas revisan esas condiciones y deciden si quieren presentar una oferta. Por tanto, una licitación no es simplemente un anuncio de trabajo. Es un procedimiento para contratar un servicio, una obra o un suministro.

El Ayuntamiento puede ser un cliente

Muchos autónomos nunca han pensado en una Administración como un posible cliente. Buscan encargos entre particulares y empresas privadas, pero no observan qué compran los organismos públicos de su zona.

Sin embargo, una pequeña empresa puede prestar exactamente el servicio que necesita su Ayuntamiento, su Diputación, una mancomunidad o una empresa pública. Pensemos en algunos ejemplos:

  • una academia que puede impartir cursos;
  • una imprenta que produce programas y cartelería;
  • una empresa de limpieza;
  • un electricista autónomo;
  • una empresa de mantenimiento;
  • un negocio de catering;
  • una tienda de material de oficina;
  • una empresa de jardinería;
  • un proveedor de mobiliario;
  • una empresa de sonido e iluminación.

La contratación pública no está formada únicamente por grandes obras o contratos millonarios. También incluye necesidades cotidianas que pueden asumir empresas pequeñas.

¿Significa eso que cualquier negocio puede presentarse?

No exactamente. Una empresa puede estar interesada en una licitación, pero antes debe comprobar si cumple sus requisitos. Por ejemplo:

  • si su actividad coincide con el objeto del contrato;
  • si dispone de la experiencia solicitada;
  • si puede acreditar la solvencia;
  • si cuenta con el personal o los medios necesarios;
  • si puede trabajar en la zona;
  • si el plazo de presentación es suficiente;
  • si el precio permite ejecutar el contrato con margen.

Por eso, localizar una oportunidad no es suficiente. Hay que analizar si realmente encaja. Una empresa puede ser capaz de hacer el trabajo y, sin embargo, no poder acreditar un requisito concreto.

¿Dónde se publican las licitaciones?

Muchas oportunidades aparecen en la Plataforma de Contratación o en los perfiles del contratante de cada organismo. También existen plataformas autonómicas y otros medios oficiales.

El problema para una pequeña empresa no suele ser únicamente que la información no exista. El problema es encontrarla, entenderla y decidir qué merece atención.

La oportunidad debe adaptarse a la capacidad real del negocio. Para una empresa de cuatro trabajadores que opera en un radio de cincuenta kilómetros, un contrato publicado a cuatro provincias de distancia no tiene el mismo valor que uno del municipio vecino.

Una licitación no es solo papeleo

Esa decisión debería tomarse antes de empezar a preparar la oferta. Primero se analiza qué necesita la Administración, quién puede ejecutarlo, qué requisitos exige y qué margen puede dejar. Solo después debería comenzar la preparación documental.

La contratación pública como canal comercial

Una empresa pequeña no necesita perseguir todas las licitaciones que se publican. Necesita un sistema para detectar las que pueden encajar. Eso significa conocer qué vende, dónde puede trabajar, qué importe puede asumir y qué experiencia puede acreditar.

Cuando esta información está organizada, la contratación pública deja de parecer una sucesión de anuncios incomprensibles. Empieza a convertirse en un posible canal comercial.

¿Qué hace Netocom?

Netocom ayuda a autónomos y microempresas a detectar oportunidades públicas relacionadas con su actividad, analizar si encajan con su territorio y capacidad, y preparar la documentación cuando merece la pena avanzar.

El objetivo es que la empresa pueda tomar una decisión: avanzar, revisar o descartar. Porque tu trabajo no es convertirte en especialista en contratación pública. Tu trabajo es seguir siendo bueno en tu negocio.

¿Has visto un contrato y no sabes si puedes presentarte?

Cuéntanos qué oportunidad has encontrado y revisaremos contigo los primeros pasos, los requisitos y la documentación que necesitas preparar.

← Volver a todas las guías

Fachada de un ayuntamiento moderno, fotografía profesional para blog de negocios.
Las licitaciones públicas son una oportunidad real para pymes y autónomos.